Doña Marta, que vive en el conjunto Cerros del Sur, siempre ha sido de las que confían en el 'sobador' del barrio. El mes pasado, después de cargar unas lonas de mercado, sintió un dolor en la espalda que no la dejaba ni agacharse. El vecino le dijo que 'le sonara la columna' con un tirón seco, como le hacían a su abuelo. A los dos días, doña Marta no solo seguía adolorida, sino que sentía un hormigueo bajándole por la pierna. Terminó en urgencias con una fisura vertebral. Y es que en Colombia, la desinformación sobre la quiropráctica es más común de lo que uno cree, y esas creencias populares pueden costarle caro.
El mito del 'huesero': ¿es lo mismo que un quiropráctico?
Uno de los errores más frecuentes es pensar que el señor que 'le acomoda los huesos' en la esquina hace lo mismo que un quiropráctico profesional. El sobador tradicional, con todo el respeto que merece por su oficio, trabaja con técnicas empíricas que se aprenden de generación en generación. No tiene estudios de anatomía avanzada, no conoce de radiología y no está preparado para identificar cuándo un dolor de espalda esconde algo más serio, como una hernia discal o una inflamación.
El quiropráctico, en cambio, es un profesional universitario. En Colombia, los quiroprácticos se forman en programas de mínimo cinco años, con énfasis en neurología, ortopedia y biomecánica. Le toman radiografías, le hacen pruebas de movilidad y diseñan un plan de ajustes según su condición. No es un tirón al azar: es un procedimiento clínico basado en evidencia. Confundirlos es como comparar a un curandero con un médico general. Ambos quieren ayudarlo, pero uno tiene respaldo científico y el otro no.
“La espalda no es un mueble que se acomoda a golpes. Es una estructura delicada que merece un profesional que haya estudiado, no un vecino con buena intención.”
Ese ruido de la columna: ¿es señal de que funcionó?
Hay una creencia muy arraigada de que si el ajuste no hace 'crack', entonces el tratamiento no sirvió. Eso es falso. Ese sonido, que se llama cavitación, ocurre por la liberación de gas (nitrógeno) en las articulaciones. Es el mismo ruido que hace cuando se 'truena' los dedos. Puede sonar satisfactorio, pero no es un indicador de éxito. A veces el ajuste es tan suave que no produce ningún ruido, y aun así la corrección es efectiva.
De hecho, los profesionales serios le van a explicar que el objetivo no es hacer ruido, sino restaurar la movilidad de la vértebra y aliviar la presión sobre los nervios. Si usted va a una consulta y solo le interesa 'sonar', está en el lugar equivocado. Un buen quiropráctico le va a tomar el tiempo para evaluar su postura, su historia clínica y sus hábitos diarios. Esa es la diferencia entre un ajuste terapéutico y un entretenimiento.
¿Es peligroso? Lo que dicen los hechos
Aquí hay que ser honestos: la quiropráctica, como cualquier procedimiento médico, tiene riesgos. Pero la evidencia internacional, revisada por entidades como la Organización Mundial de la Salud, indica que es segura cuando la realiza un profesional certificado. Los riesgos serios, como una disección arterial (un desgarro en la arteria del cuello), son extremadamente raros, con una incidencia de menos de 1 por cada 100.000 ajustes. En comparación, el uso de antiinflamatorios a largo plazo causa más daño gástrico que los ajustes quiroprácticos causan lesiones.
El peligro real está en los mitos que lo llevan a tratarse con personas sin preparación. Un ajuste mal hecho puede generar una inestabilidad vertebral, un esguince o agravar una condición preexistente. Por eso, en Colombia, la recomendación es buscar quiroprácticos que estén inscritos en la Asociación Colombiana de Quiropráctica y que trabajen de la mano con médicos generales o especialistas en ortopedia. Esa integración es la que garantiza un manejo integral.
¿Cuándo sí ir y cuándo mejor no?
No todo dolor de espalda es quiropráctico. Si usted tiene fiebre, pérdida de peso sin explicación, dolor que no cede con el reposo o debilidad en las piernas, eso amerita una consulta médica de inmediato, no un ajuste. Eso es un hecho con respaldo científico. La quiropráctica es excelente para dolores musculares, contracturas, lumbalgias mecánicas y dolores de cabeza de origen cervical. Pero no es una varita mágica para el cáncer óseo ni para las infecciones.
Un buen profesional, antes de tocarle la espalda, le va a preguntar por sus síntomas, le va a pedir exámenes si los necesita y le va a decir con honestidad si su caso no es de su competencia. Eso es señal de seriedad. Desconfíe del que le promete curarlo en una sola sesión o del que le dice que 'todo se arregla con un ajuste'. Esa es una bandera roja.
La prevención también es cosa de usted
Más allá de los mitos, hay consejos prácticos que le van a servir más que cualquier truco del barrio. Primero, cuide su postura al sentarse. En Colombia, el tráfico es alto y muchos pasamos horas en el carro o sentados frente a un computador. Ajuste la silla para que sus pies queden apoyados en el piso y la pantalla a la altura de los ojos. Segundo, haga pausas activas cada hora: levántese, camine dos minutos, estire los brazos. Tercero, duerma en un colchón firme, no en uno que se hunda como hamaca. Y cuarto, no cargue pesos superiores a su capacidad. Si va a levantar algo del piso, doble las rodillas, no la cintura.
Ese tipo de hábitos son los que previenen el 80% de las consultas por dolor de espalda. La quiropráctica, cuando la necesita, es un complemento, no un sustituto de su autocuidado. Si usted ya tiene molestias y quiere una valoración seria, busque un profesional con registro y con buenas referencias. Pregunte en su farmacia, en su EPS o a su médico de cabecera. En Colombia, cada vez hay más oferta de quiroprácticos calificados, pero también hay improvisados que se aprovechan de la necesidad. La diferencia está en la formación y en la ética.
En resumen, deje de creer en los cuentos de que 'los huesos se acomodan solos' o que 'el dolor es normal a cierta edad'. Su columna no es un castigo del destino. Es una estructura que merece cuidado profesional. Y si decide consultar, hágalo con tiempo, con preguntas y con la confianza de que está en manos de alguien que estudió para esto. No se juegue la salud por un 'tirón' de pacotilla.