En Granada, las tardes suelen empezar con un cielo azul impecable, pero hacia las tres de la tarde las nubes se apilan sobre los cerros y usted sabe lo que viene. Esa lluvia fina que empieza despacio y luego se convierte en aguacero de esos que lo hacen a uno buscar paraguas en el carro. Los que llevamos años trabajando en estas casas sabemos que el invierno no es un chiste, y que media hora de prevención ahora le ahorra una semana de obras y plata después.
El estrato 3-4 de Granada define buena parte de los precios y las expectativas: los profesionales que trabajan allá conocen muy bien ese mercado.
Lo primero que usted debe revisar es el techo, así no tenga goteras visibles. En las casas de este barrio, que en su mayoría se construyeron a mediados de los noventa, las tejas de barro y las láminas de fibrocemento ya cumplieron su ciclo. Cuando llueve fuerte, el agua no entra por un hueco grande, sino por las microgrietas que se formaron con el calor y el sol de todos estos años. Le recomiendo subir con un buen día de sol, no en plena lluvia, y revisar las uniones, los bordes en las chimeneas y los puntos donde se encuentran dos aguas. Un sellador acrílico de buena marca, de esos que vienen en tubo para aplicar con pistola, le resuelve una filtración por menos de treinta mil pesos. No le crea al que le dice que eso es solo para tapar de emergencia; aplicado bien, sobre superficie seca y limpia, dura dos o tres inviernos sin problema.
El segundo frente es el de las paredes interiores, especialmente las que dan al exterior. La humedad no solo se ve feo cuando aparece el moho negro en las esquinas; también debilita el pañete y hace que la pintura se desprenda en láminas. Si usted ve manchas amarronadas o burbujas en la pintura, eso es señal de que el agua ya está pasando. Ahí el trabajo no es pintar encima, sino rascar, dejar que la pared respire y aplicar un impermeabilizante a base de silicona antes de volver a pintar. Ojo: no use vinilo para esto, porque el vinilo deja pasar la humedad. Busque pintura acrílica de fachada, que forma una película flexible que aguanta el agua y además no se agrieta con los cambios de temperatura. En Granada, donde hay tanta zona verde, el aire es más húmedo que en el centro de Cali, así que la pintura interior también sufre. Para baños y cocinas, le recomiendo pinturas antimoho, que traen un fungicida incorporado y le evitan ese olor a guardado que aparece en los armarios.
Ahora bien, no todo es pintura. La humedad también se le mete a la instalación eléctrica, y eso es más peligroso que una gotera. En casas con más de veinte años, los toma corrientes y los calentadores de paso acumulan humedad en los bornes y eso puede generar cortocircuitos. Antes de que empiece el invierno duro, revise que los breaker no estén calientes al tacto y que las cajas de los toma corrientes no tengan manchas verdosas, que es óxido de cobre. Si ve eso, llame a un electricista, no a mí, pero sí le advierto: no espere a que llueva para hacer el mantenimiento.
Los apartamentos de Granada (construidos en promedio alrededor de 1970) suelen requerir diagnósticos cuidadosos antes de cualquier intervención.
Con el agua, los árboles del barrio también crecen más rápido, y las ramas que tocan el techo son una vía directa para que la humedad se meta. Pode lo que haga falta antes de que el viento de las tormentas haga el daño por usted.Los hábitos también cuentan. Acá en Granada, donde el clima es cálido húmedo, la gente tiende a mantener las ventanas cerradas cuando llueve, pero eso concentra la humedad adentro. Lo ideal es ventilar en las horas de la mañana, que es cuando el aire está más seco, aunque sea por quince minutos. Si tiene sótano o sótano parcial, que es común en las casas de la zona, deje una lámpara encendida en los días de lluvia para evitar que la humedad se asiente en los muebles y las cajas de recuerdos. Y un consejo de viejo: revise las canales y bajantes del techo. Con las hojas de los árboles que caen en invierno, se tapan rapidísimo, y cuando el agua no tiene por dónde bajar, se devuelve por debajo de las tejas y le inunda la fachada. Eso se limpia en veinte minutos con una escalera y un guante, pero si usted no es de escaleras, pídale al jardinero que lo haga cuando venga a cortar el pasto.
La prevención más rentable de todas es la del mantenimiento periódico. No es necesario que un pintor vaya cada año, pero sí cada dos o tres, para hacer una revisión completa y retocar lo que esté empezando a fallar. Eso le cuesta una fracción de lo que vale arreglar una pared completa con pañete y pintura nueva.
Con lluvias frecuentes durante el año, en Granada la humedad se convierte en un tema serio para cualquier casa o local.
En esta época del año, cuando el cielo se pone gris y la lluvia no para, el que tiene la casa lista duerme tranquilo, mientras el vecino anda con baldes por el pasillo. Con que usted dedique una mañana de estas a revisar techos, canales y paredes, ya está un paso adelante del invierno. Y si al final prefiere que un profesional le dé una mano, busque a alguien del barrio que conozca las casas de la zona, no al primero que aparezca por internet ofreciendo precios regalados. La tranquilidad, en Granada, no tiene precio.“En Granada, donde la naturaleza y la exclusividad se encuentran al pie de los cerros, contar con profesionales de confianza protege lo que más valora.”
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